martes, 17 de julio de 2012

EL SOMBRERO DE TRES PICOS

¿Sabes aquel que dice: Érase una vez un hombre y una mujer que vivieron hace más de doscientos años, en tiempos del guapo rey Carlos IV, allá por el año 1800...... Podría empezar de esta guisa el cuento que contaré si me animo, pero también podría empezar emparejándolo con la época en que se generalizó definitivamente en Occidente el uso del tenedor, que también acaeció por esos años;

tiene su enjundia lo de los tenedores, ¿cuántas puntas para la carne? ¿y para el pescado? y no nos olvidemos del marisco. Hay verdaderos artistas, (pecadores)  abriendo barrigas de cigalas del día con una pala y un tenedor. En las fiestas gastronómicas pantagruélicas de cuatro o seis platos con sus correspondientes cubiertos, lo tienes bien fácil, empieza de fuera hacia dentro y ya está; lo malo es cuando tus cubiertos de la derecha acaban justo en donde empiezan los del comensal de la idem: perdón, pero es que esa cuchara es mía, quite, quite, ¿no ve que está en mi izquierda?; y tampoco ahora vale lo de "a donde fueres haz lo que vieres", digo ahora, porque antaño a los zurdos les caía una yoya cada vez que utilizaban su siniestra; bueno, pues eso, ahora como les dejan usar la mano que quieran, te toca a tu lado en una "celebración" un zurdo y la tienes clara, te desbarajusta toda tu estrategia de sagaz observador; habrá que asistir a estos ágapes con un espejo para así ver a los zurdos como si no lo fueran. Y a estas alturas del tema de los tenedores diréis, ¿pero este buen hombre no va a comentar nada de Julia Roberts comiendo, mejor tratando de comer caracoles en la película Pretty Woman?

no hay fotos del conjunto, caracoles y cara de Julia, pero aquí está la primera con el caracol atacado por un raro tenedor

y aquí la segunda con la atacadora (o atacanta). Y claro, hablando de Julia, que es Americana de las del Norte, te encuentras con el problema del tenedor. En Europa, no soltamos durante toda la comida  ni el cuchillo ni el tenedor y, sin embargo, los Americanos cortan hasta tres trozos (más es mala educación) y !ala! a cambiar de mano el tenedor y a comer, mientras la izquierda, la mano, la apoyas en la rodilla (a veces hasta no es la tuya). Yo, la verdad, lo más práctico que veo es lo de los palillos: palillos para la carne, palillos para el pescado, para el arroz,...... y lo bueno es que son todos iguales

por eso ves a los orientales comiendo siempre con cara de felicidad, y es que nunca  tienen  la preocupación de con qué comen cada cosa. Y no hablemos de las utilidades colaterales que le puedes dar a los palillos al finalizar el yantar:  Que si para rascarte esa paletilla que a cierta edad ya te cae a desmano, que si saco la navaja y afilo el palillo y lo utilizo de mondadientes, que si juego al minigolf con un guisante "a guisa" de bola encima del mantel, que si los lavo un poco y !venga! a reutilizarlos para pinchos morunos veraniegos, etc. etc. El único problema o carencia que le veo a los palillos es que si al final de la comida, se canta lo tradicional, lo de siempre, lo de "carrascás, carrascás, que bonita serenata, carrascás, carrascás, ....... pues que no puedes acompañar  con la botella de anís el Mono.
Creo que me estoy desviando del tema, de la razón por la que empecé este post que era ni más, ni menos, que situar en el tiempo la historia de lo del "sombrero de tres picos" y, es que si me despisto, acabaré hablando de la época victoriana, de la máquina de vapor y, si se tercia, hasta de "el sursun corda", (levantemos los corazones; lo se porque fui monaguillo).
Pues retomando el tema, el cuento, quedamos en que un hombre y una mujer que eran andaluces los dos pero solamente él era molinero; élla, por lo tanto, era la mujer del molinero.

 El tipo tampoco es que fuera afortunado en eso del aspecto, pero a cambio le perdía la labia, o sea, que simpático y dicharachero era para dar y tomar.

Este grabado del año 1807 nos ilustra un poco para indicarnos más o menos como sería una ladi estandar.

Frasquita se llamaba su mujer y abundaba en buen tipo y belleza y estas dos "nimiedades" eran suficientes para que tuviera un séquito (o sequito) de seguidores, valga la redondez (de la frase, no de élla que tenía más de una).



El más pertinaz era el Corregidor que en aquellas épocas eran lo "más" en autoridad. Estaban en todo, que si recaudo un poco por aquí, que si imparto justicia por allá, que si abuso otro poco por acullá, .......Fijaros si tenían poder, que cuando desaparecieron a mediados del siglo de después, para sustituirlos  se precisaron varias personas en cada pueblo: médico, cura, maestro, guardia, cacique, etc.. Bueno, pues este "Corregi", como la molinera no desfallecía en su amor hacia el molinero, vamos, que era una piva legal, se inventa una serie de artimañas


 con la ayuda del alguacil que es un señor que hace lo mismo que el sheriff americano pero en provinciano. (aquí lo vemos con traje de domingo). Así que, para poder camelar al Molinero, el Corregidor, que no se corta ni un pelo, se pone en plan borde a hacer preguntas de una forma y un tono como si quisiera decir !te vas a enterar!. ¿Pagaste el impuesto de autónomos? Si; ¿pagaste el diezmo de no se cuantos? Si; ¿pagaste las tasas de no se que? Si;...... y venga a preguntar al Alguacil a ver si tenía alguna deuda pendiente y conseguía poner nervioso al Molinero, pero nada, que no le encontraban nada. En estas, el Corregidor y el Alguacil le montan una  al molinero para con engaños alejarlo de su casa y dejar sola a la guapa molinera. El caso es que el malo no se sale con la "suya", y el molinero, que en este cuento hace de bueno, tiene un no se que con la Corregidora que es

 esta dama tan peripuesta y que al final de la historia tiene un puntito de "aquel" pero tampoco me enteré mucho, porque la función que vi era la "tolerada para menores". Al final del cuento todo se aclara, sigue el amor entre el moli y la moli, el alguacil acaba "afrancesado" ya que muy poco tiempo después de este episodio, llegaron los franceses; el corregi sale escaldado de este turbio asunto y la señora Corregidora da de lado a su marido y acaba educando tan ricamente a sus hijos pero sin contar con el corregidor,  que para eso se llamaba Dña. Mercedes Carrillo de Albornoz y Espinosa de los Monteros.
MORALEJA
A portarse bien y a ser buena gente que ser malo como el Corregidor y el enfadarse no conduce a nada. Haz como cualquier persona mayor y ahorradora que no se enfada por tener en el banco su dinero por el cual le dan el 1 ó 1,5 %. Este banco lo utiliza (su, tu, mi dinero) para comprar "deuda soberana" por lo que percibe un 5 ó un 6 % (el banco, claro). El estado, como no puede pagar a los bancos (al tuyo y a otros) esos intereses, lo que hace, es subirte los impuestos, congelarte la pensión, congelarte también las partes pudendas, etc. etc.  !!PAIS!! (antes patria)

Un abracito

 P.D. (después de la data): Un millón de gracias para el autor del "cuento", Pedro Antonio de Alarcón y para los actores que tan bien nos lo contaron aquí, en La Coruña.




fotos y grabados propios y de la red

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